Miércoles 9 Septiembre 2026 — Audiencia General · Catequesis sobre la Constitución «Gaudium et spes» · Audiencia a los obispos amigos del Movimiento de los Focolares · Telegrama a la Conferencia sobre la noviolencia evangélica
10:00
Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano
🎙️ Audiencia General
Audiencia General de los miércoles
📍 Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV celebra la Audiencia General de los miércoles en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre prosigue el ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, llegado a la segunda meditación sobre la Constitución pastoral «Gaudium et spes» sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, tras la del 2 de septiembre dedicada a «La Iglesia a la escucha y al servicio del mundo» (GS 1-10). Tras la catequesis en italiano siguen, como es habitual, las síntesis y los saludos en los distintos idiomas, los llamamientos sobre situaciones de actualidad y la bendición apostólica a los fieles, peregrinos y grupos presentes en la plaza. En la catequesis, dedicada a la dignidad de la persona humana como don y responsabilidad (Gaudium et spes 12-22), el Papa recuerda que la dignidad «no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña», sino que «es un don que la precede y la excede», e indica tres de sus expresiones fundamentales: inteligencia, conciencia y libertad. Entre los saludos, saluda en árabe a los fieles del Líbano y, dirigiéndose a los peregrinos polacos, recuerda a los agricultores con ocasión de la fiesta de la cosecha.
Audiencia General — Los Documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral «Gaudium et spes» (GS 12-22). 2. La dignidad humana: don y responsabilidad
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! La Constitución conciliar Gaudium et spes (GS), al dedicar el primer capítulo a la dignidad de la persona humana, subraya que esta es fundamento y condición de aquellos «valores que hoy disfrutan la máxima consideración», pero que necesitan no perder la relación con «su fuente divina», para sustraerse a las…
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
La Constitución conciliar Gaudium et spes (GS), al dedicar el primer capítulo a la dignidad de la persona humana, subraya que esta es fundamento y condición de aquellos «valores que hoy disfrutan la máxima consideración», pero que necesitan no perder la relación con «su fuente divina», para sustraerse a las posibles distorsiones debidas a la «la corrupción del corazón humano» (GS, 11).
El camino que ha permitido poner de relieve los rasgos y los derechos fundamentales de la dignidad de la persona representa, ciertamente, una de las páginas más significativas de la historia humana. Sin embargo, dicho camino no ha terminado, y en su recorrido se deben afrontar las contradicciones, antiguas y nuevas, que impiden su plena realización.
La Iglesia ofrece con claridad su contribución, recordando que la dignidad humana brota del mismo ser de la persona. He tenido ocasión de reafirmarlo también en la reciente Encíclica Magnifica humanitas: «Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla» (n. 50).
La dignidad infinita del ser humano, por tanto, se arraiga en su identidad de criatura hecha «“a imagen de Dios”, capaz de conocer y amar a su Creador», proyecto y don de amor que trasciende las demás realidades creadas, las cuales están confiadas a su cuidado «para gobernarlas y usarlas glorificando a Dios» (GS, 12).
En la fe podemos comprender el fundamento último de la dignidad de la persona, puesto que el Hijo, «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación» (n. 22).
La persona implica siempre relación, comunión y participación con respecto a Dios y a los demás; por lo tanto, una relación filial con Dios Padre y una relación fraterna con Cristo y con todos los seres humanos. Excluye los cierres autorreferenciales. Ser persona significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio.
Esta dignidad está confiada a la responsabilidad de cada uno; al mismo tiempo, exige también solidaridad y cuidado recíproco, superando las numerosas falsificaciones y manipulaciones que todavía hoy desfiguran su percepción y obstaculizan su realización. De hecho, por las decisiones en contra de su dignidad tomadas a lo largo de la historia, todavía existe hoy en el hombre una «división íntima» y «Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas». Sin embargo, esta condición frágil y limitada puede contemplarse con esperanza, pues «el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (cf. Io 12,31), que le retenía en la esclavitud del pecado.» (GS, 13).
La Constitución Gaudium et spes, además, afirma que la dignidad humana concierne a la totalidad de la persona y, por ello, es necesario superar las visiones dualistas: el ser humano es «unidad de cuerpo y alma». La reducción del cuerpo a un “objeto”, del que se puede disponer arbitrariamente, es siempre una negación de la dignidad de la persona: «No debe […] despreciar la vida corporal del hombre», y es necesario «tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día», vigilando que este no « permita que lo esclavicen las inclinaciones depravadas de su corazón» (GS, 14), puesto que todos nosotros estamos heridos por el pecado.
Por último, son tres las expresiones más significativas de la dignidad de la persona que la Gaudium et spes destaca: la inteligencia, que hace del ser humano un buscador insaciable de la verdad (n. 15); la conciencia, por medio de la cual da unidad y sentido a su propia vida (n. 16); y la libertad, que lo convierte en protagonista responsable de sus propias decisiones (n. 17).
Son dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad. El Espíritu Santo, que da vida en Cristo, nos hace libres y nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del miedo y guiándonos hacia la meta última: aquella vida en plenitud más allá de la muerte que Cristo nos ha prometido: solo en Él encuentra verdadera luz el misterio del hombre; de Él recibimos luz sobre el enigma del dolor y de la muerte, y con Él caminamos hacia la resurrección.
Queridos hermanos y hermanas, creados a imagen de Dios, por medio de Cristo y en vistas a Él, hemos recibido una dignidad única e indeleble. Comprometámonos a promoverla y defenderla siempre, con la luz y la fuerza del Evangelio.
El Papa León XIV recibe en audiencia a un grupo de un centenar de obispos de todo el mundo, amigos del Movimiento de los Focolares, reunidos en Roma para su congreso sobre el tema «Dar testimonio de la unidad». En el discurso, pronunciado en inglés, el Papa afirma que el tema del congreso y la herencia espiritual de Chiara Lubich le son «especialmente queridos» en «una época lamentablemente marcada por una creciente polarización»: «Si esa era la tarea de Chiara hace cuarenta años, lo es aún más la nuestra hoy», ante «los prejuicios, el racismo, la intolerancia religiosa e incluso la violencia». Observa que Occidente está «ya demasiado marcado por los efectos del individualismo, donde las redes antes estables de familia, amistad y comunidad están cediendo a una mayor fragmentación», y que «a pesar de todo el énfasis en la libertad individual, hoy las personas se sienten a menudo menos libres de ser verdaderamente ellas mismas» por miedo al juicio ajeno. Recuerda que la Iglesia es «misterio de comunión, signo y fermento de unidad para nuestro mundo» y exhorta a los obispos a cultivar la vida interior mediante la oración, la celebración atenta de la Misa y la contemplación de la Trinidad.
Discurso a un grupo de obispos amigos del Movimiento de los Focolares — «Dar testimonio de unidad» (tradotto)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡La paz esté con vosotros! ¡Buenos días a todos, y bienvenidos! Os saludo de corazón, amigos del Movimiento de los Focolares, reunidos para vuestro encuentro espiritual. Os agradezco vuestra visita de hoy, que expresa vuestro afecto colegial, y os doy las gracias por vuestras constantes oracio…
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
¡Buenos días a todos, y bienvenidos!
Os saludo de corazón, amigos del Movimiento de los Focolares, reunidos para vuestro encuentro espiritual. Os agradezco vuestra visita de hoy, que expresa vuestro afecto colegial, y os doy las gracias por vuestras constantes oraciones. Me alegra ver a tantos de vosotros, procedentes de países, orígenes y situaciones sociales diversos, reunidos en un solo espíritu bajo la Obra de María. Vienen a la mente aquellas palabras tranquilizadoras de nuestro Señor: «donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20).
De hecho, el tema elegido para vuestro congreso, “Dar testimonio de unidad”, es uno de los elementos esenciales del movimiento fundado por Chiara Lubich, y me toca particularmente el corazón. En un tiempo tristemente marcado por una creciente polarización, nuestro Señor le concedió dar testimonio tanto del sentido como del servicio de la unidad, convirtiéndose así en un signo para su generación y para las futuras (cf. Papa Francisco, Discurso a los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, 25 de septiembre de 2021).
Si esa era la tarea de Chiara hace cuarenta años, lo es con mayor urgencia también para nosotros hoy. Pienso en las difíciles situaciones sociales, en las circunstancias, en las divisiones que algunos de vosotros, hermanos míos, soportáis en vuestros países, situaciones como el prejuicio, el racismo, la intolerancia religiosa, incluso la violencia.
Pienso también en la situación aquí en Occidente, ahora demasiado marcada por los efectos del individualismo, donde las redes en otro tiempo estables de la familia, de la amistad y de la comunidad están cediendo el paso a una mayor fragmentación, y donde la libertad se presenta cada vez más como autonomía absoluta, como la capacidad de perseguir la felicidad sin ningún límite moral, natural o incluso humano (cf. Carta encíclica Magnifica humanitas, n. 118).
Y sin embargo observamos una paradoja. A pesar de todo el énfasis puesto en la libertad individual, hoy con frecuencia las personas se sienten menos libres de ser verdaderamente ellas mismas o de seguir sus ideales más altos, a causa del temor oculto de ser juzgadas o de no estar a la altura. Además, esta pérdida de apertura a los demás, que agudiza un sentido de desunión, termina privándonos de la felicidad para la que fuimos creados, porque estamos hechos a imagen del Dios Uno y Trino, que es él mismo una comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al revelar el corazón del Padre, Cristo nos muestra el sentido más profundo de nuestra existencia, de nuestras relaciones, y el camino hacia la felicidad. Mediante el don del Espíritu nos hemos convertido en hijos de Dios, partícipes de la vida divina, y de esta comunión con Dios brota nuestra comunión unos con otros como hermanos y hermanas en Cristo. Esto es la Iglesia, un misterio de comunión (cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, n. 3), signo y fermento de unidad para nuestro mundo.
Como partícipes de la herencia espiritual de Chiara Lubich, y como ministros de la Iglesia de Cristo en un mundo fragmentado, estáis llamados a dar testimonio de esta anhelada unidad de la familia humana. La respuesta a las tristes divisiones que afligen a nuestro mundo no consiste en formar más comités o lanzar más proyectos, sino en volver a la fuente de nuestra unidad en la Santísima Trinidad. ¡De hecho, debemos llegar a ser contemplativos!
Con estas reflexiones, os animo a aprovechar estos días juntos para vivir esa fraternidad que recuerda y confirma nuestro parentesco en Cristo. Estos son días de gracia, pasados con los propios hermanos en el episcopado. Sabemos cuánto bien nos hace. Por eso me alegra que en la Obra de María hayáis encontrado este apoyo espiritual. Que os ayude a vivir la comunión y la fraternidad también en vuestras respectivas Conferencias Episcopales.
Sobre todo, espero que aprovechéis la ocasión de alimentar vuestra vida interior: con la oración generosa y prolongada ante nuestro Señor en el Sagrario, con la celebración serena y atenta del Oficio y de la Santa Misa y, finalmente, con la contemplación frecuente de la presencia de las Personas de la Trinidad en lo profundo de nuestro ser. De este modo seréis testigos, unos para otros y para aquellos a quienes servís, de esa unidad que construye una paz duradera.
Para concluir, os confío a vosotros y a la Obra de María a la amorosa intercesión de nuestra Señora, Madre de la Iglesia, e imparto con gusto a todos vosotros mi Bendición Apostólica como prenda de alegría y de paz en Cristo nuestro Señor. Gracias.
Al margen de la Audiencia General, el Papa León XIV saluda a los miembros de la «Plataforma interreligiosa para el diálogo y la cooperación en el mundo árabe», en Roma para un encuentro con el KAICIID – Centro Internacional Rey Abdullah bin Abdulaziz para el Diálogo Interreligioso e Intercultural. El secretario general del KAICIID, António de Almeida-Ribeiro, presente en la plaza, asegura al Papa «nuestra absoluta dedicación al diálogo entre las religiones, como vía indispensable para alcanzar la concordia no solo en Oriente Medio, sino en todas partes». Entre los grupos saludados figuran también sacerdotes y laicos de la Iglesia greco-católica ucraniana, reunidos en Roma del 8 al 10 de septiembre para un foro sobre pastoral juvenil, y los peregrinos croatas.
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El saludo del Papa León XIV a los peregrinos croatas en la Audiencia General, 9 de septiembre de 2026 (Vatican News)
📍 Pontificia Facultad Teológica San Buenaventura – Seraphicum, Roma
En un telegrama firmado por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y leído en la apertura de los trabajos, el Papa León XIV saluda a los participantes en la Conferencia inaugural del «Catholic Institute for Nonviolence», promovida por Pax Christi International en el Seraphicum de Roma del 9 al 11 de septiembre de 2026 sobre el tema «Unarmed and Disarming Peace: The Church's Emerging Paradigm Shift to Gospel Nonviolence». El Papa anima a «continuar la misión de promover en el mundo una cultura de paz, justicia y reconciliación, arraigada en el Evangelio y testimoniada en la vida» e invita a «convertirse en constructores de “casas de paz”, donde se aprende a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practica la justicia y se custodia el perdón», confiando las jornadas de reflexión a la Virgen María, Reina de la Paz. Los saludos y la bendición del Pontífice fueron llevados a la asamblea por Mons. Giovanni Ricchiuti, presidente de Pax Christi Italia; entre los ponentes, el Cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, según el cual «las estrategias noviolentas no son una falta de defensa: son una forma de defensa más eficaz».
🤝 Audiencia a los participantes en el IV Encuentro Sinodal «Fratelli tutti»
Por la mañana, en el Palacio Apostólico, el Papa recibe a representantes de centrales sindicales, organizaciones empresariales, organismos multilaterales y redes eclesiales del continente americano, al término del encuentro «Fratelli tutti» (Roma, 10-12 de septiembre).
A mediodía el Papa guía el rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, con una reflexión sobre el Evangelio dominical y saludos a los peregrinos.
📚 Inauguración de la exposición "AQVA" en la Biblioteca Vaticana
En el día de su 71º cumpleaños, a las 11.00, el Papa visita la Biblioteca Apostólica Vaticana e inaugura "AQVA", primer capítulo del ciclo de exposiciones "Catástrofe y maravilla", con obras de JR, Bill Moran y Fulvio Pierangelini (abierta al público del 25 de septiembre de 2026 al 14 de mayo de 2027).
🕊️ Audiencia a los participantes en el congreso sobre los nuevos mártires
A las 8.30 el Papa recibe a los ponentes y participantes en el congreso «El siglo XXI: ¿un nuevo tiempo de mártires?», al término de los trabajos en el Augustinianum.
📖 Encuentro por el décimo aniversario de Amoris Laetitia
Encuentro en el Vaticano (7-14 de octubre) convocado por el Papa con los jefes de las Iglesias orientales, los presidentes de las Conferencias Episcopales y algunas familias.
🎓 Misa por la inauguración del año académico de las Universidades Pontificias
A las 17.30, en la Basílica de San Pedro, el Papa preside la Santa Misa por la apertura del año académico de las universidades e instituciones pontificias romanas.
🕊️ En Asís por el 40º aniversario del Espíritu de Asís
Encuentro interreligioso promovido por la Comunidad de San Egidio por los cuarenta años de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por Juan Pablo II en 1986.