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🤝 Audiencia
Audiencia a los delegados de los municipios de las zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia
📍 Palacio Apostólico, Sala Clementina
Por la mañana León XIV recibió en la Sala Clementina a los delegados de los municipios golpeados hace diez años por la secuencia sísmica de 2016 en el centro de Italia. En su discurso, a partir del libro de Nehemías (citado en la encíclica Magnifica humanitas), el Papa indicó un doble enfoque para la reconstrucción: el comunitario y sinodal, y el de una visión profética capaz de «vislumbrar en una ruina el proyecto de una casa y de una ciudad». Recordando a santa Rita, san Nicolás de Tolentino, san Benito y san Francisco, pidió «respuestas tangibles y urgentes» para que la reconstrucción material se realice «en el menor tiempo posible, con seguridad y de modo transparente», y con el profeta Ageo invitó a volver a partir del centro: de Dios, de las personas, del bien común, de las relaciones.
Discurso a los delegados de los municipios de las zonas afectadas por el terremoto en el centro de Italia (traducido)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.
Excelencias, hermanos y hermanas, buenos días a todos. ¡Bienvenidos!
Han pasado diez años desde la trágica secuencia de terremotos que golpeó sus zonas. Fueron acontecimientos que causaron cientos de víctimas, enormes destrucciones y un profundo dolor en comunidades e
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.
Excelencias, hermanos y hermanas, buenos días a todos. ¡Bienvenidos!
Han pasado diez años desde la trágica secuencia de terremotos que golpeó sus zonas. Fueron acontecimientos que causaron cientos de víctimas, enormes destrucciones y un profundo dolor en comunidades enteras, que todavía hoy llevan sus heridas.
Ante esta realidad quisiera, ante todo, ponerme con ustedes a la escucha de la Palabra de Dios, a partir de un texto que desempeña un papel importante en la Encíclica Magnifica humanitas (cf. n. 8). Se trata del libro de Nehemías, que narra el regreso del pueblo a una Jerusalén todavía en ruinas tras la devastación llevada a cabo por los babilonios. Nehemías nos enseña un doble enfoque. Ante todo, el comunitario: la ciudad, en efecto, renace no por obra de una sola persona, sino gracias a la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Nehemías, además, nos sugiere que para reconstruir es necesario tener una visión. En casos tan dramáticos, no basta con tener buenas intenciones o confiar en un voluntarismo desordenado. Para reconstruir es necesario adquirir ojos capaces de vislumbrar en una ruina el proyecto de una casa y de una ciudad. Es el don de una mirada profética que sepa captar, más allá de los escombros, algo que nadie ve todavía, una mirada que sepa discernir, dentro del mal presente, el bien que es posible y necesario realizar.
Los animo, por tanto, a retomar el camino con esta doble perspectiva: por una parte, el enfoque sinodal para construir juntos; por otra, la visión profética, que a partir de la necesidad presente sabe mirar hacia adelante y captar cuál es el bien común que se ha de perseguir concretamente.
Así actuaron los santos. Su tierra ha sido bendecida por la presencia de mujeres y hombres de Dios que supieron vivir estas dos dimensiones y transformar históricamente el mal en bien. Pienso, por ejemplo, en santa Rita de Casia o en san Nicolás de Tolentino, que con la oración y el anuncio del Evangelio llevaron la paz a familias y comunidades devastadas por el odio y la violencia. Movido por la misma clarividencia, ya san Benito había sabido reformar y reconstruir la Iglesia y la sociedad mediante la oración y el trabajo, poniendo los cimientos de lo que llegaría a ser la Europa de hoy. Por último, a ochocientos años de su Tránsito, recordamos a san Francisco de Asís. Ante el crucifijo oyó la voz del Señor que le decía: “Ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas” (Vida segunda de Tomás de Celano: FF 593). Se puso entonces a restaurar materialmente varias pequeñas iglesias de la zona, comprendiendo después que la “casa” de la que hablaba el Señor era la Iglesia misma, atravesada en aquel tiempo por una profunda crisis espiritual.
El ejemplo de los santos nos recuerda que la esperanza, para que no se quede en un simple deseo, necesita ante todo respuestas tangibles y urgentes. Por este motivo, a diez años del sismo, es necesario emplear todas las energías para que la reconstrucción material se realice en el menor tiempo posible, con seguridad y de modo transparente. Además, la esperanza, para ser duradera, requiere perspectiva: debe identificar puntos de referencia que orienten el camino.
A este respecto, quisiera indicarles el ejemplo de otra figura bíblica implicada en la reconstrucción de Jerusalén: el profeta Ageo. Vivió poco antes del gobernador Nehemías y también él invitaba al pueblo a la reconstrucción. Como Nehemías, se dirige a las autoridades religiosas y civiles y al pueblo de la ciudad, para que todos se sientan responsables del renacimiento común. Su mensaje, sin embargo, es muy específico: Ageo invita al pueblo, preocupado por sus propias casas y por sus necesidades individuales, a no olvidar aquel centro que representaba el corazón de la Ciudad santa, es decir, el templo. En efecto, no se puede volver a empezar sin reconstruir primero lo que da sentido y fundamento a una comunidad. De lo contrario, todo queda desunido y se desmorona. Se trata, pues, de volver a partir del centro, de volver a partir de Dios, de las personas, del bien común, de las relaciones. Entonces nuestra esperanza estará fundada sobre la roca. Gracias.
Queridos amigos, los animo en esta obra de reconstrucción con las palabras del mismo profeta Ageo: «¡Ánimo, pueblo todo del país —dice el Señor—, y a trabajar, porque yo estoy con ustedes!» (Ag 2,4).
Les agradezco su visita e, invocando la intercesión de María Santísima y de sus santos Patronos, los bendigo de corazón a todos ustedes y a sus comunidades.