Hoy — Ángelus de Todos los Santos: «La santidad no es un privilegio para unos pocos» · Llamamiento por la paz tras Oleshky · Saludo a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar
12:00
Palacio Apostólico, Plaza de San Pedro
🙏 Ángelus
Ángelus en la Solemnidad de Todos los Santos
📍 Palacio Apostólico, Plaza de San Pedro
A las 12, en la Solemnidad de Todos los Santos, el Papa se asomó a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus. Comentando el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), recordó la «muchedumbre inmensa» de santos, reconocidos o no, que generaron gestos y opciones de amor que superan los cálculos de la avaricia y la prepotencia del mal: la santidad «no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal», porque Dios ve el bien que nosotros no vemos. Después de la oración mariana recordó la beatificación, el 31 de octubre en Savannah (Georgia, EE. UU.), de Pedro de Corpa y cuatro compañeros franciscanos mártires en 1597; deseó que la acción humanitaria en favor de los civiles de Oleshky (Ucrania) haga crecer la voluntad de diálogo y lleve a «nuevas iniciativas concretas de paz»; saludó los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar (31 de octubre-13 de noviembre), primer evento olímpico en África, y la Misión con los pobres de los Frailes Menores en Roma (8-15 de noviembre). Confirmó además que mañana por la tarde celebrará la Misa en el Cementerio del Verano.
La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a experimentar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo y que, en los diferentes caminos de santificación, anhelaron «el océano del amor inf
Queridos hermanos y hermanas:
¡Feliz domingo!
La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a experimentar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo y que, en los diferentes caminos de santificación, anhelaron «el océano del amor infinito», según una bella expresión del Papa Benedicto XVI (Carta enc. Spe salvi, 12).
La liturgia de la Palabra de esta fiesta los describe como una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Hoy, de hecho, celebramos a todos los santos: a aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce. Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 5,1-12), se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad.
Es totalmente cierto que resulta imposible “contar” la multitud de estos hermanos y hermanas, y no solo en términos numéricos: la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo. Al contemplarlos con admiración, nos preguntamos: estas personas, con la gracia de Dios, ¿qué hicieron? Esencialmente, gestos y decisiones de amor, que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que a veces parece prevalecer. Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros (cf. Lc 17,20-21). Además, esta multitud bienaventurada abarca los más variados orígenes, culturas y situaciones de vida: la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos. Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy: Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso.
Que la Virgen María, bienaventurada por haber creído en la palabra del Señor, acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana.
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Palabras después del Angelus
Querido hermanos y hermanas:
ayer, en Savannah, Georgia, en los Estados Unidos de América, fueron beatificados Pedro de Corpa y cuatro compañeros, religiosos de la Orden de los Frailes Menores, asesinados por odio a la fe en 1597. Originarios de España, respondieron con generosidad a la llamada del Señor para evangelizar a las poblaciones de América, llegando incluso a dar la vida. Invoquemos la intercesión de estos mártires en favor de todos los misioneros del Evangelio.
En estos días se han llevado a cabo acciones humanitarias en favor de la población civil en la ciudad de Oleshky. Espero que la colaboración entre las partes, que hizo posible este necesario gesto de humanidad necesario, aumente la voluntad de diálogo y dé lugar a nuevas iniciativas de paz concretas. Encomendamos a María, Reina de la Paz y de todos los Santos, a todos aquellos que sufren a causa de la guerra en todo el mundo.
Desde ayer hasta el 13 de noviembre se celebran en Dakar, capital de Senegal, los Juegos Olímpico Juveniles, para atletas de los 15 a los 18 años. Es el primer evento olímpico organizado en el continente africano. Además de las competencias, estos Juegos incluyen encuentros educativos y culturales para promover los valores olímpicos y la comprensión entre los jóvenes de todo el mundo. ¡Aquí, una vez más, vemos un rayo de esperanza en el mundo del deporte! Saludo cordialmente y bendigo de corazón a todos los participantes.
Del 8 al 15 de noviembre tendrá lugar en Roma la Misión con los pobres, promovida por los Frailes Menores. Felicito a los hijos de san Francisco que, con esta iniciativa, ponen a los pobres en el centro, como lo hicieron el Señor Jesús y san Francisco de Asís. Agradezco también a las instituciones civiles y a las fuerzas del orden que han ofrecido su plena colaboración.
Y ahora los saludos a todos ustedes, romanos y peregrinos provenientes de varios países.
Acojo con alegría a los fieles siro-malabares con sus Pastores. Queridos amigos, con ustedes doy gracias al Señor por el crecimiento de sus comunidades en toda Europa.
Saludo al grupo “Capiteo” de Borbiago di Mira, en la provincia de Venecia; así como a los que participan en la “Carrera de los Santos”, que las Misiones Don Bosco han organizado también este año, en Roma, para promover el deporte como experiencia educativa.
Mañana por la tarde, en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, celebraré la Misa en el Cementero del Verano. En estos días sintámonos unidos en la comunión de los santos a la inmensa familia de los hermanos y hermanas que nos han precedido en la peregrinación terrena, y recemos por los difuntos, especialmente por aquellos a quienes nadie recuerda.