Al final del Ángelus, el Papa León XIV expresa su preocupación por la persistente e intensificada violencia en Tierra Santa, que también ha causado numerosas víctimas civiles en Cisjordania y Gaza, y hace un llamamiento para que se vuelva a negociar una solución política justa, basada en la igual dignidad y los mismos derechos de toda persona, rechazando nuevas acciones militares y decisiones unilaterales, en particular las que violan el statu quo de los lugares santos de todas las religiones. Renueva su llamamiento también para todo Oriente Medio, exhortando a todas las partes a suspender los ataques y reabrir con urgencia espacios de diálogo y diplomacia.