El Papa preside la Santa Misa en la Basílica de Santa María de los Ángeles, con homilía del Santo Padre. Antes de la bendición final, un joven agradece al Papa el encuentro. La celebración concluye con el mandato misionero, un envío simbólico que llama a los jóvenes de Europa a llevar de vuelta a sus tierras la frescura del Evangelio y la alegría franciscana. A las 12:00 el Santo Padre abandona la Basílica; a las 12:15 se despide de las autoridades junto al helicóptero y a las 12:45 aterriza en el helipuerto del Vaticano. En la homilía, comentando el Evangelio de la Transfiguración a la luz de la espiritualidad franciscana, el Papa afirma que "la razón por la que San Francisco, ochocientos años después de su muerte, todavía nos atrae, reside en la magnífica humanidad que lo llevó a abandonar los caminos ya trazados", recordando también la elección "aún más impresionante" de Santa Clara, que quiso vivir libre como los frailes franciscanos: expresión, para el Papa, de "la energía del cristianismo, la de sus inicios y sus múltiples nuevos comienzos". Según la memoria de los frailes, es la primera vez que un Romano Pontífice preside una celebración eucarística en la Basílica de Santa María de los Ángeles.