Miércoles 26 Agosto 2026 — Audiencia general, se concluye el ciclo sobre la Sacrosanctum Concilium · Audiencia a los obispos luteranos de Noruega · Telegrama por el 80° aniversario de la Cruz del Amiata · Saludo a los polacos por el 70° aniversario de los Votos de Jasna Góra
10:00
Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
🎙️ Audiencia general
Audiencia general: se concluye el ciclo sobre la Sacrosanctum Concilium
📍 Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV preside la audiencia general del miércoles en la Basílica de San Pedro, con la catequesis conclusiva del ciclo sobre los documentos del Concilio Vaticano II dedicado a la constitución litúrgica "Sacrosanctum Concilium". El Papa explica que la reforma litúrgica no es una ruptura, sino que se inscribe en el surco de la tradición viva de la Iglesia, y recorre sus etapas históricas, desde la constitución apostólica "Divini Cultus" de Pío XI, pasando por las intervenciones de Pío XII sobre la Semana Santa, hasta las simplificaciones introducidas por Juan XXIII en 1960. Reitera que el fin de la reforma es evitar que los fieles permanezcan "como extraños o espectadores mudos" en la misa, sino que participen activamente en el misterio de la fe, y advierte contra los abusos litúrgicos del período postconciliar, nacidos de una mala comprensión de los principios de la reforma: las acciones litúrgicas pertenecen a toda la Iglesia y quedan confiadas a la responsabilidad de obispos y sacerdotes, llamados a custodiar una liturgia que resplandezca "por su noble sencillez". Al final de la catequesis, el Pontífice saluda a los grupos de fieles y peregrinos presentes, a menudo con llamamientos por la paz en los diversos escenarios de conflicto. Al final, dirigiéndose a los polacos, se une espiritualmente a los fieles reunidos en Częstochowa por el 70° aniversario de la renovación de los "Votos de Jasna Góra de la Nación Polaca", escritos por el cardenal Stefan Wyszyński durante su prisión, con el deseo de que el programa de renovación moral en ellos contenido siga inspirando el compromiso por la justicia y la fraternidad.
Audiencia General - Las motivaciones de la reforma litúrgica (Sacrosanctum Concilium, 8)
Queridos hermanos y hermanas:
En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, deseo reflexionar hoy sobre las razones por las cuales los Padres conciliares quisieron promover una reforma de la liturgia. Es iluminadora, en este sentido, la tercera carta desde el Concilio que el cardenal Giovanni Battista Montini, entonces arzobispo de Milán, envió el 28…
Catequesis - Los Documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 8. Las motivaciones de la reforma litúrgica
Queridos hermanos y hermanas:
En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, deseo reflexionar hoy sobre las razones por las cuales los Padres conciliares quisieron promover una reforma de la liturgia. Es iluminadora, en este sentido, la tercera carta desde el Concilio que el cardenal Giovanni Battista Montini, entonces arzobispo de Milán, envió el 28 de octubre de 1962 a los fieles de su propia diócesis. La liturgia —escribía— «es expresión sincera tanto de lo divino como de lo humano. Es lenguaje. Es vehículo de enseñanza divina, por un lado, es voz de coloquio con Dios. Está claro que ella no puede renunciar a su función didáctica, y no puede no ofrecer a la fe y a la piedad la posibilidad de expresarse con espontánea inteligibilidad». Motivado por estas convicciones, el futuro papa san Pablo VI afirmaba que los fieles «no pueden ni deben permanecer mudos y pasivos. Su presencia material no puede conciliarse con su ausencia espiritual».
Es evidente la consonancia de estas declaraciones con aquellas que aparecerán en el n. 48 de la Constitución conciliar: «la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí». Se percibe en estas palabras una renovada conciencia del valor de la liturgia. A través de las acciones rituales de la Iglesia, mientras se realiza el memorial de la obra de la salvación, se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios, entrando en contacto con el evento salvífico. Puesto que los gestos, las palabras de la sagrada liturgia son decisivos para realizar esta experiencia, la participación de los fieles no puede ser pasiva.
La reforma conciliar, al poner en el centro lo que constituye el corazón de la experiencia eclesial, quiso hacer resplandecer la liturgia como «la primera fuente de la vida divina que se nos comunica» . De tal convicción nació la exigencia de hacer más accesible a todos los fieles la riqueza de los textos bíblicos y de las oraciones, y de hacer más lineal el ordenamiento celebrativo respecto al previsto en los libros litúrgicos entonces vigentes.
La liturgia, en efecto, al ser una realidad viva, siempre ha estado sujeta a lo largo de los siglos a desarrollos y cambios. El magisterio ha adaptado sus formas a las exigencias de las diversas épocas. No sorprende entonces que también el Concilio Vaticano II, con el máximo respeto por el patrimonio de la tradición, y precisamente con el fin de hacerlo más accesible, haya considerado necesaria una revisión de los libros litúrgicos.
El objetivo que los padres tenían en el corazón se explicita en el n.21 de la Constitución Sacrosanctum Concilium: «Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia desea realizar una esmerada reforma general de la misma Liturgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden o incluso deben variar, si en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados. En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria». Se remonta a la Encíclica Mediator Dei del papa Pío XII la distinción, en la liturgia, entre elementos divinos, inmutables, y elementos humanos, que en cambio «pueden sufrir diversas modificaciones, aprobadas por la sagrada Jerarquía asistida por el Espíritu Santo, de acuerdo con las necesidades de los tiempos, de las cosas y de las almas» (Acta Apostolicae Sedis 39, 1947, 541-542).
Por lo demás, el deseo de una “reforma general” no nacía de improviso, sino que se había manifestado en la acción de los papas que se sucedieron desde el inicio del siglo XX, en sintonía con las demandas del Movimiento litúrgico. La afirmación de la necesidad de que los fieles no asistieran a las celebraciones «como extraños o mudos espectadores» ya había sido retomada por la Constitución apostólica Divini Cultus de papa Pío XI. Además, se pueden recordar las intervenciones de Pío XII sobre el ordenamiento de los ritos de la Semana Santa, los cuales reubicó en las horas correspondientes a los acontecimientos pascuales, después de que durante siglos se hubieran anticipado a las horas de la mañana. Tampoco se debe olvidar que san Juan XXIII consideró necesaria una simplificación de las rúbricas del Breviario y del Misal, aprobándola con el Motu proprio Rubricarum instructum, del 25 julio de 1960, en el cual remitía al anunciado Concilio Ecuménico la propuesta de los principios fundamentales para una reforma de la liturgia.
La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia. Su correcta comprensión permite también rechazar los abusos che se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma.
A este respecto, vale la pena recordar cómo la Constitución conciliar afirma que «Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad", es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos. Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan» (Sacrosanctum Concilium n. 26).
Es, por lo tanto, responsabilidad primordial de los pastores, de los obispos, pero también de cada sacerdote de manera individual, custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez (cfr. n. 34) y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Una liturgia de este tipo será también un vehículo fundamental de evangelización, el instrumento de gracia a través del cual, como enseña el Concilio, podremos aprender a ofrecernos a nosotros mismos y, por la mediación de Cristo, seremos perfeccionados en la unidad con Dios y entre nosotros (cfr. n. 48). _________________
[1] G. B. Montini, «Terza lettera dal Concilio», Rivista Diocesana Milanese 51 (1962) 921-923: 922.
[2] Ibid.
[3] Solemne Clausura de la II Sesión del Concilio, Alocución del Santo Padre Pablo VI (4 de diciembre de 1963).
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Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy celebramos la memoria de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, religiosa española, patrona de la ancianidad. Por su intercesión, pidamos al Señor que bendiga a todos los ancianos, así como a las personas que los cuidan y acompañan. Que Dios los bendiga. Muchas gracias. ___________________
Resumen leído en español por el Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
En esta última catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, reflexionamos acerca de las razones que motivaron a los Padres conciliares para promover una reforma litúrgica. En primer lugar, ellos constataron la necesidad de una participación más consciente y activa de los fieles en la liturgia. Por eso, un ejemplo concreto fue proponer la revisión de los libros litúrgicos entonces vigentes, para adaptarlos mejor al presente, teniendo en cuenta con el máximo respeto las tradiciones del pasado.
Este deseo de una reforma general no surgió de manera repentina en el Concilio Vaticano II, sino que ya venía manifestándose en la acción de los Papas de inicios del siglo XX, en sintonía con el Movimiento litúrgico. De dicha reforma se derivaron condiciones favorables para una mejor comprensión de la acción litúrgica y para una celebración más fructuosa de la Eucaristía y de los otros sacramentos.
📍 Sala adyacente al Aula Pablo VI, Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV recibe en audiencia a catorce obispos de la Iglesia Luterana de Noruega, dirigiéndoles un saludo en inglés. El Papa observa que el mundo atraviesa "un período particularmente turbulento", marcado por conflictos, disputas internacionales y una creciente animosidad también en el debate político dentro de cada país; indica en Jesús otro camino, el de la bondad y la caridad, que tienen el poder de "desarmar", recordando que incluso los pequeños gestos pueden ser fuente de inspiración en el camino de la reconciliación. Invita a los presentes a arraigarse en el Bautismo común para crecer juntos en el servicio a la paz y la justicia, recordando a los santos noruegos Olav y Sunniva como modelos de inspiración.
📷 Fotos
Audiencia a los obispos de la Iglesia Luterana de Noruega
Audiencia a los obispos de la Iglesia Luterana de Noruega
Discurso a los obispos de la Iglesia Luterana de Noruega (traducido)
Queridos amigos:
Me complace darles la bienvenida a Roma y aquí al Vaticano esta mañana, y espero que hayan tenido, o vayan a tener, tiempo para visitar los diversos lugares santos asociados a los primeros cristianos y mártires, cuyo testimonio de fe en nuestro Señor sigue siendo una fuente perdurable de inspiración, animándonos también a nosotros…
Queridos amigos:
Me complace darles la bienvenida a Roma y aquí al Vaticano esta mañana, y espero que hayan tenido, o vayan a tener, tiempo para visitar los diversos lugares santos asociados a los primeros cristianos y mártires, cuyo testimonio de fe en nuestro Señor sigue siendo una fuente perdurable de inspiración, animándonos también a nosotros a dar la vida por la gloria de Dios y por el bien de nuestros hermanos y hermanas.
No hay duda de que en nuestros días afrontamos desafíos difíciles, ya que el mundo atraviesa un período particularmente turbulento. Parece haber una creciente animosidad entre los pueblos, evidente no solo en los conflictos y disputas internacionales, como han observado, sino también dentro de cada país, como muestra la acritud que con frecuencia caracteriza el debate político y social.
Dada nuestra condición humana caída, es demasiado fácil asumir una actitud de hostilidad hacia aquellos con quienes estamos en desacuerdo. Por esta razón, se necesita un esfuerzo concertado para buscar caminos concretos de reconciliación y fraternidad. A este respecto, Jesús nos muestra otro camino, revelando que "la bondad y la caridad tienen el poder de desarmar". Por eso estoy sinceramente agradecido por su presencia aquí y por su deseo compartido de buscar modos de construir comunión. De hecho, incluso los pequeños gestos pueden inspirarnos y guiarnos por el camino de la reconciliación.
Como bien sabemos, nuestro Señor oró al Padre celestial por la unidad de sus discípulos: "que sean perfectos en la unidad y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado como me has amado a mí" (Jn 17,23). Sobre la base de nuestro Bautismo común y de nuestra misión compartida en el mundo, ruego para que podamos crecer siempre juntos en nuestro servicio a la promoción de la paz y la justicia.
Mientras avanzamos por este camino, podemos mirar el ejemplo de los primeros mártires y de los santos, como san Olav y santa Sunniva, cuyas vidas, dedicadas a Dios y al prójimo, ayudaron a unir a los pueblos y dan un testimonio perdurable de la fuerza transformadora de la caridad.
Así pues, queridos amigos, queridos hermanos y hermanas, les agradezco una vez más el haber venido esta mañana y su cercanía. Pidamos la bendición de Dios, para que, en su infinita bondad y sabiduría, nos ayude a vivir cada vez más auténticamente como hermanos y hermanas y así a dar testimonio común de nuestro Salvador, nuestro Señor Jesucristo.
Con motivo de la ceremonia en la cumbre del Monte Amiata por el octogésimo aniversario de la inauguración de la cruz monumental restaurada —destruida durante la retirada alemana en 1944 y encendida de nuevo por Pío XII por radio el 24 de agosto de 1946—, el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin envía, en nombre del Papa León XIV, un telegrama al cardenal Augusto Paolo Lojudice, arzobispo de Siena-Colle di Val d'Elsa-Montalcino y obispo de Montepulciano-Chiusi-Pienza. El Papa se une espiritualmente a la comunidad diocesana y espera que la efeméride suscite una renovada conciencia de que este símbolo de redención es una invitación constante a mirar hacia lo alto, caminando juntos por las vías del bien, la solidaridad y la paz; asegura su recuerdo en la oración y envía la bendición apostólica a los presentes en la solemne ceremonia, que concluye por la noche con la iluminación de la cruz.
Se cumple el primer aniversario de la inauguración del centro para el cuidado de la creación en Castel Gandolfo, abierto por el Papa León XIV el 5 de septiembre de 2025.
📖 Encuentro sobre el décimo aniversario de Amoris Laetitia
Encuentro en el Vaticano (7-14 de octubre) convocado por el Papa con los jefes de las Iglesias orientales, los presidentes de las Conferencias episcopales y algunas familias.
🕊️ En Asís por el 40° aniversario del Espíritu de Asís
Encuentro interreligioso promovido por la Comunidad de San Egidio por los cuarenta años de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por Juan Pablo II en 1986.