Por la mañana, en la Sala del Consistorio, el Papa León XIV recibe en audiencia a unos 50 miembros del Centro de Estudios Internacional Papa León XIV, entidad de investigación, formación y producción cultural constituida en octubre de 2025 en el ámbito de la Orden de San Agustín y con sede en Florencia. En su discurso, el Pontífice subraya la importancia del pensamiento crítico en la construcción de una «civilización del amor», a la que la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que ofrecer, y exhorta al Centro a una misión de esperanza: promover una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, frente a toda tentación de resignación.
Audiencia a los miembros del Centro de Estudios Internacional Papa León XIV (tradotto)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
¡Buenos días a todos y bienvenidos! Este es un poco un encuentro familiar.
Queridos hermanos y hermanas,
me alegra encontraros y acompañar así también los primeros pasos de la iniciativa de la Orden Agustiniana de promover un Centro de Estudios Internacional que lleva mi nombre. Estoy...
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
¡Buenos días a todos y bienvenidos! Este es un poco un encuentro familiar.
Queridos hermanos y hermanas,
me alegra encontraros y acompañar así también los primeros pasos de la iniciativa de la Orden Agustiniana de promover un Centro de Estudios Internacional que lleva mi nombre. Estoy particularmente agradecido por ello, dada la importancia de la actitud de reflexión y del pensamiento crítico en la construcción de una civilización del amor, a cuyo servicio la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que ofrecer.
He apreciado, desde el principio, la voluntad del Centro de dialogar en todos los ámbitos con universidades, instituciones académicas, entes públicos, organizaciones de la sociedad civil, realidades eclesiales y redes asociativas, promoviendo relaciones de colaboración e intercambio a nivel nacional e internacional. Signo de esta disposición es la colaboración con la Facultad Teológica de Italia Central y con el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum, mencionada también en el decreto de erección del Centro. El secreto está en caminar juntos, siempre, sin cerrarse al encuentro también con quien es diferente y parece pensar, hablar o actuar de manera distinta.
La elección de Florencia como sede de esta nueva realidad es muy evocadora: es, en efecto, una invitación a dejarse inspirar por los valores del Humanismo, una visión abierta al Creador y, por ello mismo, constructora de relaciones fraternas. No son las guerras, sino el tejido de la paz y de equilibrios justos lo que produce civilización, con la participación activa de todos los componentes sociales y culturales de una sociedad abierta.
También «la contribución de la Doctrina Social de la Iglesia lleva en sí esta raíz popular que no se debe olvidar: sería inimaginable su relectura de la Revelación cristiana dentro de las modernas circunstancias sociales, laborales, económicas y culturales sin los laicos cristianos enfrentados a los desafíos de su tiempo. A su lado actuaron religiosas y religiosos, testigos de una Iglesia en salida por caminos ya recorridos. El cambio de época que estamos afrontando hace hoy aún más necesaria la continua interacción entre bautizados y Magisterio, entre ciudadanos y expertos, entre pueblo e instituciones» (Exhort. ap. Dilexi te, 82). Que vuestro Centro de Estudios favorezca este ejercicio, que necesita de pioneros y de facilitadores, especialmente cuando corren el riesgo de prevalecer formas de desconfianza y resignación.
A riesgo de avanzar a contracorriente, que vuestra misión de esperanza consista en promover, en Italia y en el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, responsabilidad hacia la comunidad y construcción de relaciones fundadas en la solidaridad, la justicia y la paz. ¡Es decir, lo contrario de la resignación! Por otra parte, como el Papa Francisco quiso subrayar hablando precisamente en Florencia, «no existe humanismo auténtico que no contemple el amor como vínculo entre los seres humanos, ya sea de naturaleza interpersonal, íntima, social, política o intelectual» (Discurso en el V Encuentro Nacional de la Iglesia Italiana, 10 de noviembre de 2015). La reflexión agustiniana, que está en la base de vuestra iniciativa, tiene en este sentido mucho que ofrecer en el actual horizonte internacional, para una comprensión del amor como principio de renovación de la vida personal, económica y política. El amor vincula para liberar, une para generar, compromete para construir.
Queridísimos, «miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado […]. No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla desde la pequeñez de un grano de mostaza […]. Con las palabras del profeta: “He aquí que hago una cosa nueva: precisamente ahora germina, ¿no lo notáis?” (Is 43,19)» (Carta enc. Magnifica humanitas, 210). Sí, sed expertos en las novedades de Dios: no aquellas que deslumbran por su velocidad y eficiencia, sino aquellas que Él realiza silenciosamente, liberando al mundo viejo de sus callejones sin salida e inaugurando caminos por los que avanzar juntos, hacia su ciudad.
Que el Señor recompense con abundantes frutos vuestro compromiso, y os acompañe la Bendición apostólica que imparto de corazón a todos vosotros. Gracias.