En la tarde del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa León XIV celebra en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos la tradicional Santa Misa para el Cuerpo de la Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano, con ocasión de la fiesta de su patrono San Miguel Arcángel. Durante la celebración, quince nuevos reclutas pronuncian el juramento de servicio. En la homilía, centrada en la parábola de la viña (Is 5,1-7; Mt 21,33-43), el Papa recuerda a los gendarmes que su servicio es «un modo de ser obreros en la viña del Señor», confiada a su cuidado en lugares, entradas, edificios y, sobre todo, personas, y subraya que «la autoridad, a la luz del Evangelio, se expresa ante todo en la capacidad de custodiar, escuchar y acompañar». Agradece a las familias de los gendarmes los sacrificios y turnos que implica este servicio, y se dirige a quienes sirven desde hace años y a los quince recién jurados: «Sed hombres fiables, discretos, leales [...] Que vuestra insignia más hermosa sea un corazón que sabe custodiar». Finalmente, encomienda el Cuerpo a la Virgen y a San Miguel Arcángel.
Homilía en la Santa Misa por el Cuerpo de la Gendarmería Vaticana (traducido)
Queridos hermanos y hermanas, estoy muy contento de celebrar para vosotros y con vosotros la Eucaristía, con ocasión de la fiesta de vuestro Patrono San Miguel Arcángel. Hace poco, quince de vosotros han pronunciado su juramento. Este es un momento de oración. En particular, detengámonos ahora brevemente a reflexionar sobre la Palabra de Dios que hemos escuchado: ella nos ayuda a comprender qué significa servir, custodiar y proteger.
Queridos hermanos y hermanas,
estoy muy contento de celebrar para vosotros y con vosotros la Eucaristía, con ocasión de la fiesta de vuestro Patrono San Miguel Arcángel. Hace poco, quince de vosotros han pronunciado su juramento. Este es un momento de oración. En particular, detengámonos ahora brevemente a reflexionar sobre la Palabra de Dios que hemos escuchado: ella nos ayuda a comprender qué significa servir, custodiar y proteger.
El profeta Isaías (5,1-7) nos habló de la viña amada y cuidada con tanta atención. Es símbolo del amor de Dios por su pueblo. Dios hizo todo lo posible por su viña y espera de ella buenos frutos. Y el Señor llama a todos sus hijos a trabajar en su viña, de modo que somos al mismo tiempo viña y obreros. Para vosotros, Gendarmes, este servicio es un modo de ser obreros en la viña del Señor. A vuestro cuidado están confiados lugares, entradas, edificios, pero sobre todo personas. Un rasgo que aparece al encontraros es precisamente el cuidado: es hermoso ver cómo miráis al otro no como un problema que resolver, sino como una persona a la que respetar y custodiar.
En el Evangelio (Mt 21,33-43), la parábola de Jesús nos mostró un ejemplo negativo: los viñadores que, con el tiempo, olvidaron que la viña no les pertenece, sino que les fue confiada para que la cuidaran. Es un recordatorio precioso para quien vive un servicio: lo que recibimos es una responsabilidad que custodiar con humildad y dedicación, que vivir con discreción y sentido del deber. Sabéis bien que la autoridad, a la luz del Evangelio, se expresa ante todo en la capacidad de custodiar, escuchar y acompañar, con equilibrio, firmeza y respeto.
Y luego Jesús cuenta que el dueño de la viña envía a su propio hijo. En el centro de la parábola está este hijo, que representa a Cristo. Y en el centro de vuestra vida y de vuestro servicio debe estar Él: Jesucristo. Antes aún de ser gendarmes, sois hombres llamados a seguirlo. De Él aprendemos la fuerza que sabe hacerse mansedumbre, la vigilancia que nace de la confianza, la autoridad que camina junto a la humildad y el valor de intervenir con corazón misericordioso.
En la segunda Lectura, San Pablo nos dijo: «No os inquietéis por nada, sino que, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones» (Flp 4,6). También esta es una palabra muy apropiada para vuestro servicio. Habrá días tranquilos y días difíciles; momentos en los que será necesario decidir rápidamente; situaciones que traerán cansancio y preocupación. El gendarme no lo lleva todo solo: reza, sabe confiarse, sabe encontrar en Dios esa paz que le permite actuar con lucidez y con el corazón sereno.
Y el Apóstol añade: «Todo lo que es verdadero, lo noble, lo justo, lo puro, lo amable, lo honorable, lo que es virtud y merece alabanza, esto sea objeto de vuestros pensamientos» (cf. Flp 4,8). He aquí otro rasgo de vuestro «identikit»: un corazón y una mente educados en el bien. Antes de cualquier gesto externo hay una mirada interior. Quien custodia a los demás debe custodiar antes dentro de sí la verdad, la justicia, la bondad y el respeto. Custodiar a los demás exige un corazón custodiado por el Señor.
Vuestro trabajo os exige ciertamente estar vigilantes, pero la Palabra de hoy os invita a algo aún más profundo: a velar con cuidado también sobre vosotros mismos. A custodiar el corazón, para que no se endurezca sino que permanezca siempre dócil a Dios y atento a los demás; a custodiar la conciencia, para que siga guiándoos con rectitud; a custodiar la fraternidad entre vosotros, para que cada uno pueda sentirse acogido, sostenido y nunca solo. Porque un grupo se convierte verdaderamente en «comunidad» cuando sus miembros se cuidan unos a otros y aprenden a caminar juntos, sosteniéndose con sencillez y amor.
Concluyo también este año con un pensamiento de afecto y gratitud por vuestras familias. A los padres, a las esposas, a los hijos, a las novias: ¡gracias! Vosotros conocéis los sacrificios, las ausencias, los horarios, las preocupaciones y también el peso de un servicio que no siempre se ve.
A quien sirve desde hace muchos años y a los quince que hoy han jurado, os digo: no olvidéis nunca para quién y para qué habéis elegido servir. Sed hombres fiables, discretos, leales. Dejad que sea Jesús quien inspire vuestro servicio. Que vuestra insignia más hermosa sea un corazón que sabe custodiar.
Encomendamos todo esto a la Virgen. Que María, mujer del cuidado y de la confianza, acompañe a vuestras familias y a cada uno de vosotros. Y a San Miguel Arcángel le pedimos que esté a vuestro lado en la vigilancia y en la lucha contra todo mal. Que os proteja en vuestro servicio y os ayude a permanecer fieles, para que el Señor Jesús esté siempre en el centro de vuestra vida, de vuestro servicio y de vuestro corazón.