Todos los eventos del día›2026-10-05›Audiencia a la Delegación de la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos y de la Asociación Mujeres en el Vaticano
El Papa León XIV recibe en audiencia a los representantes de la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos (ADLV) y de la Asociación Mujeres en el Vaticano (D.Va). El Pontífice subraya la importancia del diálogo como «vía maestra» para afrontar los desafíos del mundo del trabajo, en particular los vinculados a los desarrollos de la inteligencia artificial, y reitera que el trabajo «no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida». Afirma además que «la presencia de las mujeres constituye una riqueza que debe ser cada vez más reconocida y valorada», gracias a su «competencia, capacidad de discernimiento, creatividad y concreción», e invita a construir «una comunidad de trabajo donde las personas no sean usadas ni postergadas».
Discurso a la Delegación de la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos y de la Asociación Mujeres en el Vaticano (tradotto)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes. Queridos hermanos y hermanas, me alegra recibirlos, y les agradezco su visita y, más aún, la dedicación y el espíritu de servicio con que realizan su trabajo cotidiano en diversos organismos de la Sede Apostólica, colaborando así
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.
Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra recibirlos, y les agradezco su visita y, más aún, la dedicación y el espíritu de servicio con que realizan su trabajo cotidiano en diversos organismos de la Sede Apostólica, colaborando así con el ministerio pastoral del Papa.
Ante los desafíos actuales que se plantean al mundo del trabajo, en particular por los desarrollos de la inteligencia artificial, es más decisivo que nunca mantener viva la atención sobre la centralidad insustituible de la persona humana y sobre la dignidad inalienable del trabajo; en efecto, este «no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida».
Mediante el trabajo «contribuimos al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común, hacemos fructificar las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a nuestras familias».
Queridos amigos y amigas, ustedes pertenecen a dos Asociaciones diferentes, pero que tienen en común el ambiente de trabajo, es decir, el Vaticano. Mis Predecesores, en sus enseñanzas dedicadas a la naturaleza del trabajo en la Sede Apostólica, han puesto en el centro dos conceptos de valor fundamental: el de comunidad y el de unidad, que también a mí me resultan muy queridos.
En efecto, todos aquellos que, a diversos títulos y con distintas funciones, están llamados a colaborar con su trabajo en el ministerio del Papa constituyen una comunidad eclesial, partícipe, en espíritu de fe y de unidad, de la única y universal misión que el Señor Jesús confió al apóstol Pedro y a sus sucesores.
Con igual dignidad, todos contribuyen, cada uno en su propio rol y con su propio compromiso laboral, a la misma misión, manifestando esta conciencia y responsabilidad ante todo «en la escrupulosa fidelidad a todas las tareas y deberes asignados, así como en el celo, la laboriosidad y la profesionalidad que deben distinguir a todo aquel que participa en las actividades de la misma Sede Apostólica».
San Juan Pablo II reconoció que «para promover tal espíritu […] podrán desempeñar una tarea válida de colaboración las Asociaciones de trabajadores, como la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos», precisando que «no responde a la doctrina social de la Iglesia el deslizamiento de este tipo de organizaciones hacia el terreno de la conflictividad o de la lucha».
El camino del diálogo, por tanto, sigue siendo la vía maestra por la que también yo los exhorto a caminar siempre, con confianza y creatividad, en la búsqueda común de soluciones adecuadas a los problemas que juntos debemos afrontar y en la edificación cotidiana de nuestra comunidad de trabajo.
Relanzar el diálogo, a todos los niveles, es en efecto lo que, en mi primera Encíclica, quise proponer a toda la Iglesia y a todas las mujeres y hombres de buena voluntad, como «parte integrante de la vocación de la Iglesia», «instrumento principal de la convivencia entre las personas» y «vía ordinaria para afrontar los conflictos». En particular, la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos se define, en el vigente «Marco normativo» que la regula, como «una estructura de diálogo de sus asociados con la Oficina de Trabajo de la Sede Apostólica».
Por su parte, la Asociación Mujeres en el Vaticano puede contribuir a hacer crecer en nuestros ambientes el estilo de colaboración, de escucha recíproca, de atención a las situaciones de dificultad. La presencia de las mujeres constituye una riqueza que debe ser cada vez más reconocida y valorada. Ellas aportan, además de una particular sensibilidad hacia las personas y las relaciones, también el conjunto de talentos humanos, profesionales e intelectuales propios de la experiencia y del pensamiento femenino. Su competencia, capacidad de discernimiento, creatividad y concreción enriquecen la vida de las instituciones y contribuyen a adquirir una mirada más amplia sobre la realidad y los problemas que se encuentran.
Recorriendo juntos este camino, nos comprometeremos a construir cada vez más una comunidad de trabajo donde las personas no sean usadas ni postergadas, donde se ayuden mutuamente, donde se reconozca a cada uno su valor y su competencia, evitando generar insatisfacciones y rencores.
Con estos sentimientos de aprecio y confianza, los bendigo de corazón a ustedes, a sus seres queridos y a su trabajo. ¡Gracias!