Miércoles 7 Octubre 2026 — Audiencia General y apertura del Encuentro por el décimo aniversario de Amoris Laetitia
📖 Encuentro Amoris Laetitia
Apertura del Encuentro por el décimo aniversario de Amoris Laetitia
📍 Aula Pablo VI, Ciudad del Vaticano
Por la tarde, en el Aula Pablo VI, comienza el Encuentro "A diez años de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy", convocado por el Papa León XIV mediante un Mensaje del 19 de marzo de 2026 y previsto hasta el 14 de octubre. Participan unas 187 personas: los jefes de las Iglesias católicas orientales, los presidentes de las Conferencias episcopales, expertos y algunas parejas de familias de todo el mundo. Tras una meditación de la hermana Helen Alford, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, el Papa pronuncia el discurso introductorio: recuerda el camino sinodal sobre la familia iniciado por Juan Pablo II y relanzado por el Papa Francisco, e invita a llevar ante Jesús las historias de gracia y los desafíos de estos diez años, siguiendo el modelo de Pablo y Bernabé que "contaron todo lo que Dios había hecho con ellos". El Papa exhorta a afrontar con valentía la distancia creciente entre la visión cristiana del matrimonio y el modo en que hoy se viven la afectividad y las relaciones, y a permanecer cerca de quienes experimentan la fragilidad, pidiendo escucha recíproca, libertad evangélica y discreción para este tiempo de discernimiento sinodal.
Encuentro con los Jefes de las Iglesias Orientales y los Presidentes de las Conferencias Episcopales, con motivo del décimo aniversario de Amoris Laetitia (tradotto)
Mis queridos hermanos en el Episcopado, queridas familias, queridos hermanos y hermanas. Quise convocar este encuentro diez años después de la publicación de Amoris Laetitia, y os agradezco que hayáis reorganizado vuestros compromisos para que pudiéramos pasar juntos estos días
Mis queridos hermanos en el Episcopado, queridas familias, queridos hermanos y hermanas,
Quise convocar este encuentro diez años después de la publicación de Amoris Laetitia, y os agradezco que hayáis reorganizado vuestros compromisos para que pudiéramos pasar juntos estos días. Agradezco de corazón a las parejas casadas y a todos los que han venido a compartir algo de sus vidas en Cristo y que participarán en nuestras conversaciones, así como a los expertos y facilitadores.
Permitidme comenzar recordando el largo y fecundo camino sinodal y misionero que la Iglesia ha recorrido en relación con el matrimonio y la familia, un camino que estamos llamados a continuar.
La familia siempre ha ocupado un lugar importante en la preocupación pastoral del Sucesor de Pedro y de los Obispos que lo asisten mediante su participación en el Sínodo de los Obispos. El Sínodo de 1980 recogió un deseo ya expresado por el Papa Juan Pablo I durante su breve pontificado, que llevó finalmente a la Exhortación apostólica Familiaris Consortio de San Juan Pablo II.
Al comienzo de su propio pontificado, el Papa Francisco volvió a situar a la familia en el centro de un proceso sinodal, reconociendo la necesidad de continuar el discernimiento de la Iglesia ante los profundos cambios que afectan a un ámbito tan estrechamente vinculado a su misión en el mundo de hoy. Ese camino llevó, hace diez años, a la Exhortación apostólica Amoris Laetitia.
En este sentido, la Iglesia ha continuado por el camino indicado por el Concilio Vaticano II. Cuando los Padres del Concilio situaron la dignidad del matrimonio y de la familia al comienzo de la segunda parte de Gaudium et Spes, reconocieron que la vida familiar ofrece un punto de entrada privilegiado a las grandes cuestiones culturales, económicas, sociales y políticas de nuestro tiempo, incluida la labor de promover la paz entre los pueblos. La interdependencia de estas cuestiones se ha hecho aún más evidente hoy, siempre a la luz de la palabra de Dios: "'Dios los hizo hombre y mujer.' Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa" (Mc 10,6-7). La familia sigue siendo clave para un enfoque que mantenga unidos lo local y lo global, guiado por la búsqueda de una fraternidad universal en Cristo que el Evangelio nos llama a construir con todos. Esta historia de más de medio siglo impone a nuestro encuentro una responsabilidad particular como Pastores, mientras la vocación sinodal de toda la Iglesia continúa desplegándose.
Dentro de esta historia, Amoris Laetitia marcó una etapa importante, y los diez años transcurridos desde su publicación han pasado a formar parte de la vida de nuestras Iglesias particulares. Durante este tiempo, la Exhortación apostólica ha sido recibida en diferentes culturas y contextos pastorales, ha acompañado la vida concreta de las familias y ha inspirado iniciativas y procesos.
Estos son los diez años que ahora ponemos juntos ante el Señor Jesús. Con la guía del Espíritu Santo, mirar atentamente lo sucedido puede ayudarnos a reconocer más profundamente lo que Cristo ha estado enseñando a su Iglesia a lo largo de estos años.
Los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen una hermosa imagen de lo que estamos a punto de hacer. Al final de su viaje misionero, Pablo y Bernabé reunieron a la Iglesia y "contaron todo lo que Dios había hecho con ellos" (Hch 14,27). Después, de camino a Jerusalén, pasaron por Fenicia y Samaria contando lo sucedido en la misión, y su relato produjo gran alegría entre los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los Apóstoles y los ancianos, y de nuevo "contaron todo lo que Dios había hecho con ellos" (15,4).
Hay algo de este movimiento en nuestra propia reunión. Como he dicho, la Iglesia ha pasado estos diez años acogiendo Amoris Laetitia y caminando con las familias en circunstancias muy diversas.
Nosotros también traemos historias de lo que Dios ha hecho entre nosotros. Son historias recogidas a lo largo del camino de la misión: historias de conversión, de frutos inesperados, y de las relaciones que Dios ha tejido dentro de las familias mientras nuestras comunidades han intentado acompañarlas, junto con las dificultades que hemos enfrentado, las preguntas que han surgido y lo que hemos aprendido en el camino. Nos dan confianza al comenzar nuestro trabajo juntos. Pongámoslas ante el Señor, compartámoslas entre nosotros, buscando reconocer lo que Dios ha estado haciendo entre nosotros y hacia dónde conduce hoy su Espíritu a la Iglesia.
En mi mensaje del 19 de marzo, en el décimo aniversario de Amoris Laetitia, recordé que "hay, de hecho, lugares y circunstancias en los que la Iglesia 'puede llegar a ser sal de la tierra' solo a través de los fieles laicos y, en particular, a través de las familias". En efecto, Amoris Laetitia nos invita a tomar en serio esta vocación y responsabilidad. Las propias familias participan en la misión de la Iglesia en el tejido ordinario de sus vidas, a través del amor y la fidelidad, el cuidado y el perdón, la educación de los hijos, sus esfuerzos por transmitir la fe, la atención a los ancianos y a los más vulnerables, y las muchas formas en que sirven a sus comunidades y a la sociedad. De todas estas maneras, las familias dan testimonio del Evangelio y contribuyen a la vida y a la misión de la Iglesia.
Como Pastores, hemos recibido la responsabilidad, oportuna e inoportunamente, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia y su llamada al amor y a la ternura. Esto nos exige acompañar a las personas mientras buscan vivir su vocación en las circunstancias concretas de su vida.
Este ministerio nos coloca también en una escuela de escucha. La sabiduría del Pueblo de Dios nos llega a través de nuestra fe común, que ilumina a todas las familias, incluidas las situaciones marcadas por dificultades, soledad y, a veces, incluso aparente fracaso. El Señor mismo nos enseña pacientemente cuando nos tomamos el tiempo de escuchar, y ciertamente tenemos mucho que aprender de las familias.
Sus vidas también nos plantean preguntas que merecen ser afrontadas con valentía. En muchos contextos ha surgido una distancia creciente entre los modos en que se vive la sexualidad y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio. Los jóvenes siguen anhelando amor, fidelidad y pertenencia, pero a muchos les cuesta comprender cómo esa visión del amor puede tomar forma en sus propias vidas o creer que un compromiso para toda la vida es la condición para alcanzar lo que desean. La inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional también condicionan las decisiones que toman las personas y las posibilidades que pueden imaginar para su futuro.
Estas realidades plantean una serie de preguntas que debemos afrontar con valentía. ¿Qué buscan realmente las personas bajo estos cambios culturales? ¿Qué nos revelan sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y angustias? ¿Dónde logran nuestro lenguaje y nuestras prácticas pastorales abrir un camino, y dónde fracasan en tocar el corazón de las personas o en ayudar a sus esfuerzos por hacer el bien? ¿Qué nos enseña la experiencia vivida de las familias, una experiencia de la que todavía no hemos aprendido plenamente? ¿Qué podemos ofrecer como formación para una vida familiar sana y santa? En particular, ¿qué podemos aprender de los padres mientras buscan acompañar a sus hijos y a los jóvenes en tales contextos?
La fragilidad merece una atención especial, porque puede modelar profundamente el modo en que las personas se ven a sí mismas, a su futuro e incluso su relación con Dios y con la Iglesia. La experiencia de la fragilidad plantea la pregunta de si somos capaces de permanecer cerca los unos de los otros cuando la vida ya no corresponde a lo que se había esperado, y si podemos reconocer la obra de la gracia incluso en situaciones marcadas por límites, heridas y aparente fracaso.
También en este aspecto, la experiencia de las familias tiene algo que enseñar a todos, ya que la fragilidad pertenece a nuestra condición humana común y, por tanto, también a la vida de la Iglesia. Todos conocemos la brecha entre el bien que deseamos y lo que somos capaces de vivir. Necesitamos gracia, perdón y nuevos comienzos para cumplir la voluntad de Dios, y aprendemos que la fidelidad es en sí misma una gracia que se recibe y un camino que se renueva gradualmente, a menudo a través de la prueba. Reconocer este desafío compartido debería dar forma al modo en que nos acompañamos unos a otros en la Iglesia. ¿Qué tipo de Iglesia encuentran, pues, las personas precisamente cuando son más frágiles? ¿Ayudan nuestras comunidades a descubrir que todavía tienen un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer? ¿Puede encontrarse la verdad que proclamamos a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral? ¿Cómo podemos anunciarles la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia?
Durante estos días, os invito a dar a estas preguntas todo su peso. El Espíritu Santo habla a menudo precisamente a través de las situaciones que nos ponen a prueba, y nos ilumina para que podamos descubrir cómo la misericordia de Dios y la gracia salvífica de Cristo pueden llegar hoy a nuestras familias, particularmente en su debilidad y resiliencia, en sus esperanzas y desilusiones, en su anhelo de comunión y en su búsqueda de sentido. Nuestra tarea, por tanto, no es solo interpretar estas realidades, sino dejar que nos interpelen y motiven nuestra responsabilidad pastoral, para que la Iglesia encuentre modos renovados de anunciar el Evangelio, ofrecer las gracias sacramentales, acompañar a las familias y hacer visible la ternura con la que Cristo sigue caminando entre su pueblo.
Que nuestro diálogo esté marcado por la libertad evangélica que vemos en los Hechos de los Apóstoles. Podemos compartir lo que ha traído alegría en nuestras Iglesias, lo que nos ha desafiado y qué preguntas han surgido con más claridad a través de la experiencia. Además, la diversidad de las situaciones de las que venimos puede convertirse en un don para el discernimiento de toda la Iglesia.
El Marco Temático preparado para este encuentro pretende mantener ante nosotros la amplitud de Amoris Laetitia y poner la Exhortación apostólica en diálogo con lo que nuestras Iglesias han vivido durante estos diez años. Inspirémonos en la riqueza de la palabra de Cristo y de la tradición de la Iglesia. El programa se ha hecho público para que el Pueblo de Dios pueda acompañar nuestro trabajo mediante la oración y la reflexión sinodal.
Por nuestra parte, escucharnos unos a otros, dejar que lo que oímos resuene dentro de nosotros y permanecer atentos a las mociones del Espíritu Santo pueden despertar la creatividad pastoral que necesitamos ante estas nuevas preguntas.
Por eso nuestro retiro común esta tarde, y la oración con la que comenzaremos cada día, están en el corazón de nuestro trabajo. Pido al Señor que nos ayude a reunir los frutos que Amoris Laetitia ha dado en nuestras Iglesias locales, para que alimenten a toda la Iglesia.
Espero que, a través de las muchas historias que traéis de vuestras Iglesias y de diferentes contextos culturales, pueda ir tomando forma poco a poco un relato compartido de estos diez años, marcado por la alegría y la esperanza, que nos permita afrontar con honestidad también las pruebas y dificultades que persisten. Esto alimentará el discernimiento pastoral de las Conferencias Episcopales y de las estructuras jerárquicas de las Iglesias orientales. Igualmente ayudará a las Iglesias locales a reconocer nuevos caminos y a implicar más profundamente a todos los bautizados en el camino sinodal de la Iglesia. Os pediría también que todos preservemos la discreción y la confidencialidad que requiere este tiempo de escucha y discernimiento.
Que el Señor nos dé la libertad de escucharnos unos a otros, la sabiduría de reconocer su obra en medio de su pueblo y el valor de seguir el camino que Él nos indica, para que, cada día, el Evangelio pueda llegar a ser cada vez más plenamente una buena noticia para las familias de todo el mundo. Gracias.
En la Plaza de San Pedro, ante unos 32.000 fieles y peregrinos, el Papa León XIV continúa el ciclo de catequesis sobre la Constitución pastoral conciliar Gaudium et spes, dedicando la reflexión al cuarto capítulo de la primera parte, sobre la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. El Papa recuerda que la Iglesia no está "por encima" o "junto" al mundo, sino injertada en él, compartiendo su fragilidad y su belleza, y que su misión se realiza también contribuyendo a la construcción de la ciudad terrenal mediante el testimonio de la fe, de la caridad y el compromiso por la justicia y la paz, sin aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres. Subraya el papel de los fieles laicos, llamados a animar la familia y el mundo del trabajo con el espíritu evangélico, y recuerda que la coherencia entre la fe profesada y la vida cotidiana sigue siendo decisiva para la credibilidad del anuncio cristiano. Al final de la audiencia el Papa saluda también a una delegación del departamento de salud mental de la Asl Roma 2, comprometida en la lucha contra el estigma hacia las personas con malestar mental y hacia los ex reclusos.
Audiencia General - Catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes. 5. La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! Retomando la reflexión sobre la Constitución conciliar Gaudium et spes (GS), hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Ante todo, el Concilio recuerda que la Iglesia no está "por encima de" o "junto" al mundo, sino que está injertada en él
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Retomando la reflexión sobre la Constitución concicliar Gaudium et spes (GS), hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.
Ante todo, el Concilio recuerda que la Iglesia no está "por encima de" o "junto" al mundo, sino que está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios; somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la belleza (cf. GS, 40).
Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales» (Carta enc. Magnifica humanitas, 19).
La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor (cf. GS, 41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.
Los Padres del Concilio recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común» (GS, 42).
Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho, como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época» (GS, 43).
Gaudium et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la vida.
Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS, 44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integralidad. De hecho, «ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo» (Discurso a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).
Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad» (GS, 45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad, para que el mundo pueda creer y tener esperanza.
Por la mañana, el Papa León XIV se reúne con un grupo de "Patrons of the Arts in the Vatican Museums" en peregrinación a Roma desde Luisiana. El Papa recuerda el papel de Pablo VI en el nacimiento de la asociación y su afirmación de que "este mundo en el que vivimos necesita belleza para no hundirse en la desesperación", agradeciendo a los Patrons el apoyo prestado a lo largo del tiempo para la conservación del arte de los Museos Vaticanos. Los invita a cultivar un espíritu de contemplación en una época dominada por la eficiencia y el beneficio, y a abrirse a la Belleza que es Dios mismo, en el día en que la Iglesia celebra a Nuestra Señora del Rosario.
📷 Fotos
El Papa en el Aula Pablo VI recibe a un grupo de "Patrons of the Arts in the Vatican Museums" procedentes de Luisiana
A los Patrons of the Arts in the Vatican Museums (tradotto)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros. Queridos amigos, me alegra encontrarme con vosotros esta mañana y daros la bienvenida al Vaticano. Como Patrons of the Arts in the Vatican Museums, sin duda os atrae Roma vuestro amor por el arte y la belleza
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros.
Queridos amigos, me alegra encontrarme con vosotros esta mañana y daros la bienvenida al Vaticano. Como Patrons of the Arts in the Vatican Museums, sin duda os atrae Roma vuestro amor por el arte y la belleza, así como el deseo de preservar el patrimonio artístico y religioso de la humanidad en beneficio de las generaciones futuras. Pero hoy venís también como peregrinos, movidos a visitar los lugares sagrados de Roma para pedir la gracia y la bendición de Dios, experimentar su misericordia y encontrar renovadas fuerzas en vuestro camino diario de fe. De modo particular, espero que el tiempo que paséis en oración junto a las tumbas de los Apóstoles refuerce vuestros vínculos con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.
Como bien sabéis, el Papa san Pablo VI desempeñó un papel importante en la serie de acontecimientos que finalmente dieron origen a vuestra Organización. Dijo una vez que "este mundo en el que vivimos necesita belleza para no hundirse en la desesperación. Es la belleza, como la verdad, la que lleva la alegría al corazón del hombre... une a las generaciones y las hace compartir las cosas en la admiración" (Mensaje a los artistas al concluir el Concilio Vaticano II, 8 de diciembre de 1965). Como Patrons, confío en que hayáis experimentado de primera mano que la belleza posee el poder de despertar los deseos más nobles del corazón humano, llamándonos a salir de nosotros mismos y abriendo nuestras almas a la gratuidad de los dones de Dios. Es en este contexto donde quisiera agradeceros vuestra generosa colaboración a lo largo de las últimas décadas para ayudar a conservar el arte de los Museos Vaticanos.
En una época dominada por la tecnología, en la que la eficiencia y el beneficio a menudo tienen prioridad, es muy importante que sigamos cultivando un espíritu de contemplación y concedamos tiempo y espacio a la belleza. Esta actitud ayudará mucho a la humanidad, especialmente a los jóvenes, no solo a descubrir la capacidad del arte para elevar y revelar las profundidades del espíritu humano y nuestra apertura a lo divino, sino también a comprender que el don de sí mismo es esencial para una realización auténtica. En definitiva, la contemplación ofrece una extraordinaria oportunidad de encontrar al Dios que es Belleza, descrita por san Agustín como siempre antigua y siempre nueva, una Belleza que cautiva y atrae continuamente hacia sí a todas las personas (cf. Confesiones, X, 27; Jn 12,32). Queridos amigos, mientras continuáis vuestra peregrinación, os animo a abriros a esta Belleza y a pensar en modos de ayudar a otros a hacer lo mismo.
Con renovada gratitud y encomendándoos a todos vosotros, y a vuestras familias, a la amorosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario, cuya fiesta celebramos hoy, os imparto de corazón mi Bendición Apostólica, que extiendo a todos los que están asociados a los Patrons of the Arts in the Vatican Museums, como prenda de paz y alegría en el Señor.
La Sala de Prensa difunde un videomensaje del Papa León XIV con motivo de la 100ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el 18 de octubre de 2026 con el tema "Uno en Cristo, unidos en la misión". El Papa agradece a Dios los frutos de la Jornada instituida hace cien años por Pío XI y recuerda su propia experiencia personal como misionero en Perú, afirmando que "las oraciones y las ofrendas de los fieles alentaron y sostuvieron" su labor misionera. Renueva la invitación a sostener con generosidad a las Obras Misionales Pontificias y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la misión evangelizadora de la Iglesia hacia los más pobres.
El Papa nombra Nuncio Apostólico en Irlanda al Arzobispo Jan Romeo Pawłowski, titular de Sejny, hasta ahora Nuncio Apostólico en Grecia. Acoge además la renuncia pastoral de Mons. Miguel Ângelo Freitas Ribeiro al gobierno de la diócesis brasileña de Oliveira, al que sucede Mons. Antônio Carlos Paiva, hasta ahora Obispo Coadjutor de la misma diócesis.
🎓 Misa para la inauguración del año académico de las Universidades Pontificias
A las 18.00, en la Basílica de San Pedro, el Papa preside la Santa Misa para la apertura del año académico de las Universidades e Instituciones pontificias romanas.
🌱 Entrega de la "Pope Leo XIV Sustainability Medal" al Card. Czerny
En el Borgo Laudato si' de Castel Gandolfo, el Papa entrega al Cardenal Michael Czerny la primera medalla por la sostenibilidad que lleva su nombre, instituida por la Universidad de Villanova.
🕊️ A Asís por el 40° aniversario del Espíritu de Asís
Encuentro interreligioso promovido por la Comunidad de Sant'Egidio por los cuarenta años de la Jornada Mundial de Oración por la Paz querida por Juan Pablo II en 1986.
🙏 Apertura del congreso "El esplendor de lo humano: cuidar la fertilidad"
Audiencia del Papa en el Vaticano para la apertura del congreso internacional sobre fertilidad y procreación responsable, promovido por el Instituto Científico Internacional Pablo VI en su 25º aniversario, en la Universidad Católica del Sagrado Corazón (16-18 de octubre).