Sábado 29 Agosto 2026 — Misa, procesión histórica en barca sobre el lago Albano y súplica a la Virgen del Lago en Castel Gandolfo · Audiencias de la mañana · Ayuda del Papa por la inundación en Nepal · Nombramiento del coadjutor de Cuzco · Motu Proprio "Mutua Concordia" sobre las Iglesias orientales
18:00
Iglesia de María Santísima del Lago, Castel Gandolfo
⛵ Fiesta de la Virgen del Lago
Santa Misa y procesión en la Iglesia de María Santísima del Lago
📍 Iglesia de María Santísima del Lago, Castel Gandolfo
El Papa León XIV presidió la Santa Misa en la pequeña iglesia de María Santísima del Lago, sobre el lago Albano en Castel Gandolfo, por la tradicional fiesta de la Virgen del Lago, que se celebra cada año el último fin de semana de agosto. Ante unos 350 fieles, desde el altar del templo consagrado por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, el Papa recordó a sus predecesores Pablo VI y Juan Pablo II e invitó a recorrer «el camino de la vida», el del amor: «el odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas». La Misa fue concelebrada por el obispo de Albano Vincenzo Viva, el párroco de San Tommaso da Villanova don Tadeusz Rozmus y representantes de los Salesianos, en el año del centenario de su presencia en Castel Gandolfo (1926). Al final, el Pontífice y los fieles llevaron en procesión la imagen de la Virgen del Lago, primero por las calles hasta el balneario Tropicana y luego —pasada la playa— sobre el agua: por primera vez en la historia un Papa participó también en la procesión en barca, subiendo a bordo de la embarcación «Falco» de la Asociación Lungolago de Castel Gandolfo, adornada con flores amarillas y blancas, junto con la imagen de la Virgen. La travesía de unos 25 minutos hacia Giorgio’s Beach, al pie del Palacio Apostólico, fue acompañada por una decena de embarcaciones civiles, canoas y dragon boats y por algunas naves de las fuerzas del orden. En la playa, mientras el tenor Aurelio Grimaldi y la soprano Elena Kovalova, acompañados al piano por el maestro Massimiliano Franchina, interpretaban «La Vergine degli angeli» de La forza del destino de Verdi y el Panis Angelicus de Franck, el Papa bajó del barco entre aplausos y rezó una súplica a la Virgen: «mira con benevolencia a tus hijos heridos por la guerra y alienta en todos el deseo de la paz… Donde crece el odio, enséñanos el perdón; donde prevalece el miedo, devuelve la esperanza». Es el último compromiso público del Pontífice ligado al calendario estival publicado por la Sala de Prensa el 30 de julio. El evento fue transmitido en directo por Vatican Media, Telepace y TV2000.
Homilía en la Santa Misa y Procesión de la Virgen del Lago (Castel Gandolfo) (traducido)
Queridos hermanos y hermanas, me alegra celebrar con vosotros la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo han hecho en el pasado algunos de mis Predecesores: san Pablo VI, que deseó y sostuvo la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y san Juan Pablo II, que quiso aquí recordar su memoria y renovar su mensaje.
Queridos hermanos y hermanas,
me alegra celebrar con vosotros la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo han hecho en el pasado algunos de mis Predecesores: san Pablo VI, que deseó y sostuvo la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y san Juan Pablo II, que quiso aquí recordar su memoria y renovar su mensaje.
La Liturgia de la Palabra nos ofrece textos que armonizan bien con esta cita tradicional.
En la primera Lectura el profeta Jeremías nos habla de su necesidad irresistible de corresponder a la llamada que ha recibido: «Me sedujiste, Señor —dice—, y me dejé seducir […]. En mi corazón había como un fuego ardiente […]; me esforzaba por contenerlo, pero no podía» (Jr 20,7.9). Dios le reveló que lo había conocido y elegido desde el seno materno (cf. ibíd. 1,5), y que ama a su pueblo con amor eterno (cf. ibíd. 31,3); le habló de su plan de salvación, y él ya no puede callar. Siente un impulso incontenible de llevar a todos su mensaje, aunque sabe que esto comportará tener que decir y hacer cosas que a muchos no gustarán, encontrar sufrimientos e incomprensiones, hasta convertirse en «objeto de burla cada día» (v. 7). Pero el amor lo impulsa a actuar por el bien de su pueblo, sin componendas, hasta el final.
Es lo que nos enseña también Jesús en el Evangelio. Hace poco ha saciado a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,15-21), y después a otros cuatro mil, con siete panes y unos pocos pececillos (cf. Mt 15,32-38). Ahora, más allá del éxito obtenido con esos gestos, explica a los discípulos el sentido mesiánico de lo que ha realizado: les revela que deberá «ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas, y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).
Jesús explica cómo, después de los muchos milagros realizados, manifestará definitivamente su gloria: sacrificando libremente su vida (cf. Jn 10,17-18) y ofreciéndose a sí mismo en la cruz como pan partido. Y precisa que lo mismo deberá hacer quienquiera que desee continuar su misión: «Si alguno quiere venir en pos de mí —nos dice—, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (v. 24).
Jesús revela así que solo el amor salva. El amor que Dios nos ha mostrado haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, en respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos: en la constancia fiel de la caridad de cada día como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como sucede lamentablemente también hoy a muchos cristianos, en diversas partes del mundo.
San Agustín decía que «la alegría del segador […] demuestra la intención del sembrador» (Sermo 330, 2), y nosotros deseamos hacer nuestros sus sentimientos: con la ayuda de Dios, queremos esparcir por todas partes en el mundo las semillas de su caridad infinita, sin cansarnos, sin medida, para que hoy y siempre alguien pueda alegrarse recogiendo sus frutos.
Lamentablemente no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; es más, muchos piensan que es una utopía. Poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39) —dicen— es de perdedores, dar ante el rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites (cf. Mt 18,21-22) es de débiles. No hay que sorprenderse. Incluso a Pedro le resultó difícil aceptar este modo nuevo y distinto de razonar (cf. Mt 16,22). Pero Jesús permanece categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida.
No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas. Lo vemos cada día, desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta la gran escena del mundo. Todo confirma lo que Jesús nos ha enseñado: «quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la encontrará» (Mt 16,25).
Queridos hermanos y hermanas, tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones. Por eso, cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos a la mentalidad del mundo (cf. Rm 12,2). Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos «como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (v. 1), para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor, y con su ayuda todo es posible (cf. Flp 4,13).
Nos lo recuerda también el rito de la procesión sobre el lago, que haremos dentro de poco. Evoca otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos atemorizados caminando sobre las aguas y los condujo a la orilla calmando la tempestad (cf. Mt 8,23-27). Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe, a orar, para reencontrar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada.
Con esta fe, esta tarde, participamos en la Eucaristía. Sobre el Altar nos donamos a nosotros mismos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a la suya, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y su Sangre, para que las compartamos, como alimento para el camino. Después, como los discípulos, dejaremos juntos la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido.
Son gestos sencillos, con los que renovamos nuestra confianza en Dios y nuestra devoción filial a su Santísima Madre. Y son tanto más evocadores en cuanto son posibles —como gustaba recordar san Pablo VI— por la solicitud con la que la pequeña comunidad que vive aquí custodia durante todo el año este lugar de paz, para que en los momentos solemnes pueda reunirse allí todo el pueblo de Dios, así como María, que acogió en su seno y en la casa de Nazaret al Hijo de Dios hecho hombre, para que a todos pudiera llegar su salvación.
Así, este lugar de devoción mariana se convierte también en un signo de cómo la Iglesia se esfuerza, día tras día, por hacer de todos nosotros un solo cuerpo, en la oración, en los sentimientos, en los propósitos, en el desarrollo ordenado y unánime de nuestro ser juntos, y un símbolo del amor con el que el Señor, por medio de su Santísima Madre, quiso acercarse a nosotros como uno de nosotros, hasta confundirse con la gran multitud de nuestra humanidad (cf. Homilía en la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1977).
Estrechémonos, entonces, esta tarde, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo en el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios, y un eco irresistible de su amor que invita a amar.
Por la mañana, antes de dedicarse a la celebración vespertina en la Iglesia de María Santísima del Lago, el Papa León XIV recibe en audiencia a Mons. Giordano Piccinotti, S.D.B., arzobispo titular de Gradisca y presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica; al cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio; a Mons. Giuseppe Andrea Salvatore Baturi, arzobispo de Cagliari y secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana; y al cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación.
El boletín de la Oficina de Prensa da a conocer el nombramiento de Mons. Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., como arzobispo coadjutor de la arquidiócesis metropolitana de Cuzco, en Perú. Agustino, hasta ahora obispo auxiliar de la misma arquidiócesis y titular de Ausuccura, Mons. Estrada Herrera nació en 1973 en la provincia de Cotabambas, hizo la profesión solemne en la Orden de San Agustín en 2001 y fue ordenado sacerdote en 2005. Es licenciado en Teología Moral por la Academia Alfonsiana de Roma y doctor en Teología Pastoral por Medellín; desde 2023 es secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). El nombramiento como coadjutor le otorga el derecho de sucesión al frente de la arquidiócesis andina, en una región del Perú querida por el Papa León XIV por sus largos años de misión en el país.
Con la Carta apostólica en forma de Motu Proprio "Mutua Concordia", publicada el 29 de agosto y en vigor desde su publicación en L'Osservatore Romano, el Papa León XIV modifica los cánones 106 y 126 del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium para reforzar la comunión entre el Patriarca — "Pater et Caput" — y el Sínodo de los Obispos de las Iglesias orientales católicas de derecho patriarcal y arzobispal mayor. El nuevo párrafo del canon 106 regula los casos en que el Patriarca no convoca el Sínodo, atribuyendo al obispo de mayor antigüedad por ordenación episcopal la facultad de convocarlo, para evitar la parálisis del órgano de gobierno. El canon 126, ampliamente revisado, introduce por primera vez un procedimiento ordenado para la remoción del Patriarca por causa grave: si, requerido por el Sínodo, se niega a renunciar, el obispo más antiguo por ordenación preside la elección de un nuevo presidente y somete la remoción a votación secreta, que exige al menos dos tercios de los votos; se garantiza al Patriarca el pleno derecho de defensa ante la asamblea y la decisión final de declarar vacante la sede queda subordinada al asentimiento del Romano Pontífice, que — explica el Papa — tutela "la plena libertad de los Padres al expresar su elección, al amparo de toda posible presión indebida interna o externa". La reforma recoge la praxis y la sensibilidad teológica de las Iglesias ortodoxas en materia de sinodalidad.
Tras el telegrama de pésame enviado el 27 de agosto por la inundación que el 26 de agosto devastó una vasta región del Nepal cercana al Tíbet, el Papa León XIV envía —a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad y de acuerdo con la Nunciatura Apostólica— una ayuda económica para las necesidades más urgentes de la población. La contribución, «una primera ayuda» destinada a las urgencias primarias, sostiene a Cáritas Nepal, que bajo la dirección del Vicariato Apostólico distribuye alimentos, artículos de primera necesidad y espacios de acogida para quienes lo han perdido todo. Lo da a conocer el prefecto del Dicasterio, el arzobispo Luis Marín de San Martín, que habla de «un signo rápido y concreto» de la cercanía del Papa a los más vulnerables, «como una caricia de la Iglesia». El balance provisional de la catástrofe habla de más de 630 muertos y casi 3.000 desaparecidos; también la Conferencia Episcopal Italiana ha destinado 500.000 euros de los fondos del 8xmille para Nepal, Colombia, Perú e Indonesia.
📷 Fotos
Las consecuencias de la inundación que golpeó el este de Nepal (Vatican News).
El Papa León XIV guía la oración mariana del Ángelus desde la Plaza de la Libertad, el día después de la Misa y la procesión en el lago por la Virgen del Lago.
Se cumple el primer aniversario de la inauguración del centro para el cuidado de la creación en Castel Gandolfo, abierto por el Papa León XIV el 5 de septiembre de 2025.
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Encuentro en el Vaticano (7-14 de octubre) convocado por el Papa con los jefes de las Iglesias orientales, los presidentes de las Conferencias episcopales y varias familias.
🕊️ En Asís por el 40º aniversario del Espíritu de Asís
Encuentro interreligioso promovido por la Comunidad de Sant'Egidio por los cuarenta años de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por Juan Pablo II en 1986.